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Entradas

FIREWALL. Un relato corto cyberpunk.

Enloquecidos, los indicadores transmitían señales de alerta. Sobresaturación de estímulos. Impacto inminente… Las horas de entreno aparecieron en ese preciso instante. Con determinación agarró con todas sus fuerzas los eyectores de la silla de piloto en carbono brillante y tiró de ellos, seco y duro. Mientras, observaba con pavor la trayectoria, del hielo de guerra, convergiendo hacia él.  — Demasiado tarde.— Pensó Black Jack justo cuando le arrolló la muerte.  Impacto. La sacudida inicial le arrancó su ser, pero la desconexión le entregó al vacío.  La descompresión larga y dolorosa. Notaba todas las células de su cuerpo quebrarse, absolutamente deshidratadas, como si las hubieran expuesto a la temperatura del núcleo de una bomba atómica. Límite exponencial. Arcadas incontrolables. Vómitos brutales. Una sustancia gelatinosa azul brillante salía despedida de su garganta a cada desgarrador espasmo, inundando el minúsculo espacio. Hedor. La muerte lo miraba a sus vidriosos o...

Hacker. Un relato corto cyberpunk.

El apartamento olía a la humedad propia de los apartamentos cercanos a los canales. Una fina línea de luz natural entraba por los cerrados ventanales, y quedaba absorbida casi de inmediato por un raquítico bonsái , que languidecía en una repisa repleta de sensores y antenas. El crepitar del hardware se multiplicaba, en la vacía sala, del piso franco . Los neones rojos de los equipos informáticos inundaban el espacio de luz fantasmal.  La pesada puerta se abrió y entraron dos figuras humanoides. Paso decidido. Dejaron las bolsas de comida rápida al lado de dos grandes mochilas tácticas , pulcramente colocadas, sobre una moqueta azul celeste. El más alto se acercó al centro de la sala, dónde una mesa de plástico barato, despojada de sillas, esperaba repleta de equipo táctico minuciosamente colocado. Con destreza apartó unos detonadores y unos bloques de C4 para poder colocar la humeante comida asiática .  El otro, aseguró la puerta y activó los sistemas de seguridad pasiva ....

Tanaka. Un relato corto cyberpunk

La nieve contaminada era una fina capa gris sobre los neones del suburbio comercial de Shinjuku . Edificios abandonados y una escasa actividad comercial eran la tónica en la vieja zona de Tokio . Llevaba demasiados días lidiando con el olor metálico de la sangre y el ozono de los implantes quemados. Era el segundo cadáver de un cableado de poca monta, todos con la cabeza convertida en un nido de cables fundidos. El frío se me colaba hasta los huesos a través de la gabardina sintética. Activé el autocalentamiento. Me agaché junto al cuerpo. La nieve, una amalgama de hollín y químicos, se derretía alrededor del charco de sangre, creando un patrón policromático de óxidos verdosos. Una rápida mirada al equipo de CSI . Trabajo pulcro. Eran buenos. El silencio era una losa. Perturbaba mi mente jodida. Solo se oía el zumbido lejano de un aerocoche y el chisporroteo de la nieve en contacto con los perpetuos neones. Esperé. El silencio se prolongó hasta que me desesperé. Me puse de pie y grit...

The Venetian

Estaba sentado, el expreso oscuro e intenso en la taza de porcelana antigua, negra y oro, un anacronismo. kintsukuroi (金 繕 い). Mi mirada se perdía en el desfile silencioso de sedas y lanas colgadas en los percheros de época. Un resplandor fugaz en el cristal me arrastró a la calle, un torrente sin fin de cuerpos iluminados por neones parpadeantes, el pulso incesante de Neo-Tokio . Un gruñido de repulsión se anudó en mi garganta y volví a mis telas, cada una estratégicamente dispuesta, una sinfonía cromática perfecta que era mi única certeza en este caos. "Disposición perfecta", pensé, el mantra narcotizante que me devolvía al presente, o al menos, a un presente que podía controlar. Mis pensamientos se disolvían, buscando ecos en recuerdos casi olvidados. La campanilla de la puerta apenas emitió un tintineo cuando un cliente entró. Fue demasiado silencioso, demasiado calmado. Sentí mi privacidad violada, como una fisura en mi mundo de orden. Aparté la vista de los estantes y, ...

BRIKS. A cyberpunk story

  Era una bolsa de deporte antigua, vintage, la compró en una tienda de segunda mano. Le gusto el diseño con un tipo capturado en el aire instantes antes de hacer un mate. Letras Nike doradas y Air desgastadas. En su mejor momento, quizás y solo quizás, también lo fueron. Pulcro dorado. Según le dijo el coleccionista en su tiempo fue una importante marca de ropa de un jugador de baloncesto blanco que era el mejor de todos los tiempos. No sabía ni que era el baloncesto, pero el diseño le gustó. Pasos técnicos. Miradas rápidas a totas las superficies cromadas. Reflejos distantes de la muchedumbre hacinada. Callejón abarrotado de una turba gris. Obreros  camino a ninguna parte. La mayoría dormía en espacios minúsculos del subsuelo de la City y vagabundeaban hasta la queda.  El cableado de la red aportaba un extra de confort a sus miserables vidas. Conexiones ilegales. Calor de teras de datos a la velocidad de la luz. Enfermedades electromagnéticas, una leve carga para quien ...

Petrov

La cromada esfera marcaba las tres de la madrugada. Con los sentidos ligeramente embotados, por los excesos en el club Diamond , lanzó el cigarrillo sobre un charco de agua estancada. Una columna de humo blanco emergió, efímera. La desdichada colilla rubia acompañó a decenas.  Petrov conocía muy bien al viejo. Habían sido amigos muchos años antes del ascenso meteórico al trono del Diamond. El viejo era un puto mafioso, cobarde pero astuto. Siempre se rodeaba de matones cableados al extremo.  Otra mirada a la esfera de cromo. Casi las cinco. Tiró el cartón vacío de tabaco barato. Era el último. Se maldijo por no traer un par de paquetes más. La cancerígena nicotina de los filtros consumidos al límite tiñó el agua de lluvia acumulada en los charcos irregulares del suelo del callejón. Neones reflejados.  Lejos, se escuchaba el zumbido de un motor eléctrico. Un Maybach doblo la esquina. Pulcra pintura bicolor. La puerta lateral se abrió en el mismo instante que la limusina ...

Sato. Capítulo II. A cyberpunk History

  El frío intenso le estaba sacando del filo. Revisó los indicadores por última vez. La cosa se estaba jodiendo. Apretó la mandíbula y cerró los ojos para protegerlos de la lacerante luz del quirófano y entrar en la red.  Paulatinamente,  se fue creando una visión global del paciente, la disección subatómica creada por los sensores volaba frente a él. Las manos apartaban capa tras capa buscando anomalías. El tiempo de su cliente se agotaba. Lo tenía claro. Desconectó. Miró al desdichado, que apenas tres horas atrás, había entrado en su pequeña tienda de reparación de tostadoras sangrando y con los implantes arrancados de cuajo. Si le quería salvar la vida tendría que recurrir a técnicas que juró, décadas atrás, no usaría jamás. Un nudo en la boca de estómago le recordó las muertes de las guerras Corporativas Afrikans . EL afilado titanio quirúrgico separó la carne de la columna y expuso los implantes.  Solo  un destello en las córneas y un ligero tic delató al c...

Amsterdam. Cyberpunk

  Sato se mantenía de pié sobre la cornisa mirando al infinito en brillantes puntos de distantes  neones por encima del skyline de cristal y acero. Los sensores le azotaban el oído interno sin piedad y el tiempo era retorcido por su hardware pero avanzaba inexorable. Le quedaba un suspiro de vida mientras las líneas de código avanzaban en su córnea. De pronto el mundo se paralizó. Las estrellas que apenas una milésima antes le parecieron bellas, sobre la noche de Amsterdam, ya no brillaban con tanta intensidad. Con un movimiento suave le dió la espalda al firmamento y encaró el helipuerto. Decenas de guardias se apostaron detrás de escudos balísticos mientras el círculo se cerraba sobre él. Al fondo un Sikorsky de blanco brillante observaba en quietud el avance táctico. Línea tras línea el código se transmitía. Desconectó las alertas. El silencio le inundó de calma. Cálculos. Distancia, tiempo, humedad, presión atmosférica. Resultado óptimo. Con los pies anclados en el hormigó...

Takeda 217. Cyberpunk

Por segunda vez accionó el disparador. El proyectil vaporizó silicio y sesos por igual y el cadáver se desplomó sobre el húmedo pavimento. Con habilidad se guardó la pistola para luego arrodillarse sobre el pandillero muerto. – Funciona así – dijo el Inspector Takeda , , mientras cacheó al desgraciado. El NeoPunk en mirada perpetua. Era un sucio pandillero en el callejón erróneo. Takeda encontró lo que buscaba, una pequeña bolsa de tela negra con cincuenta monodosis de Slim. –  Gracias cabronazo  – le dijo al muerto agarrándole el mentón con guantes de vinilo negro mientras le sostenía la mirada vacía. Takeda recogió el casquillo del nueve del suelo y se perdió en la fría noche de Tokyo .  Despertó de puro dolor. La cabeza le martilleaba como si la estuvieran aplastando contra un contenedor. Se incorporó y en la mesita de noche vió la bolsa de tela negra al lado de la placa y del viejo Colt, estaba casi vacía.. Aguantó otro aguijonazo que le obligó a cerrar los ojos. Cua...

Kenso. Cyberpunk

  Kenso introdujo una moneda en la cromada ranura con dos pulsaciones rápidas introdujo el código que se conocía de memoria y, sin esperar, volvió al lado de su Whisky . Un gestó con el índice y el barman, que estaba de pié tras la barra, empezó a prepararle otro Malta con hielo sintético. La canción empezó a sonar en el preciso instante que el posavasos resbalaba prodigiosamente sobre el pulido metal. Era una canción antigua, como la máquina de discos, pero le recordaba aquellos primeros años como policía en la sección nueve . Era viernes de junio y la humedad era insoportable, y Kenso estaba furioso por su enorme cagada. Vació la copa de un trago y largó unos billetes sobre la barra. Con los últimos acordes la canción abandonó el bar ante la mirada de odio de decenas de compañeros. – Buenas noches, soy el Capitán Kenso de la sección nueve ¿Sr.Takeshi? – Los ecos de su propia voz producían una molesta estática en el interior del habitáculo. El tono sonó cansado, quizás demasiad...

Atsukan. Cyberpunk Ink

Un hilo de lluvia incipiente empezó a mojar los adoquines de la calle lateral mientras caminaba sin prisa hacía los muelles de carga. Buscaba un letrero de neón rojo sobre verde lima colocado sobre un edificio de hormigón y acero negro. El frenesí de los estibadores, distante pero constante, inundaba las callejuelas y ensordecía las conversaciones de los marinos mercantes que se cruzaban con él. Las dispersas gotas se convirtieron en torrente. Los andares cansados se convirtieron en prisas. Se acomodó la pesada gabardina para lidiar con la gélida agua invernal y continuó la búsqueda con pasmosa relajación entre centenares de contenedores de carga, abandonados, que se amontonaban anárquicamente en calles de imposible comprensión. Mientras recordaba las indicaciones que compró en el Zoco árabe, de las afueras, se sorprendió encontrando su mente admirando los desteñidos colores, corroídos por la intemperie, de dos containers de Hyundai Corp. La fragancia de Ramen y cuscús le ...

Otomo. Cyberpunk Ink

Estaba postrado mirando los ojos a la muerte. Los esperaba fríos y encontró una dolorosa calidez. En ese preciso instante se preguntó si había valido la pena penetrar en la red de BionTech por unos cientos de miles de dólares. —Será un trabajo rápido.—recordó que le había dicho Otomo.— Entrar y salir. ¡Tenemos los putos códigos!.— Gritó el extravagante mafioso mientras levantaba la mano con un pequeño disco de datos. Otomo era un viejo yakuza cascarrabias venido a menos y vestido con imposible mezcla de estilos retros.  Ito agarró el dorado disco de la mano enfundada en látex rojo con un movimiento demasiado rápido para los implantes oculares ocultos tras gafas de pasta blanca y cristales espejados rosas. —Te cobraré el doble, por adelantado.— exigió Ito guardando las claves entre los pliegues de la gabardina.— Y no haré preguntas incómodas a personajes incómodos. ¿Hay trato?.— Y alargó la mano para cerrar el trato, dejando al descubierto un feroz dragón tatuado. Otomo agarró la ma...